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Picasso- Retratos Imaginarios
Julio-diciembre 2014

La distorsión de la figura humana ha sido una constante en la obra de Picasso: unas veces con un sentido irónico, otras con un matiz trágico, pero siempre con un tinte desmitificador y burlesco, semejante al de Quevedo y de Goya. En los 29 retratos imaginarios dominan los caprichos humorísticos del artista, sumado a la visión deformadora de la realidad tan propia de la tradición hispánica. De ahí, Picasso presenta el reverso de la belleza en los retratos de 1969, realizados por el artista a los 88 años, producto de la casualidad, unida a la mente inquieta del pintor, cuando recibe una serie de materiales en su estudio de Mougins, en la Riviera Francesa. No son retratos realistas, no representa a ningún personaje real y todos los rostros son grotescos, emparentados con el humor negro de Quevedo o la visión esperpéntica de un Valle-Inclán. Personajes de épocas pretéritas parecen ser una parodia de los caballeros galantes del Siglo de Oro español. Si la naturaleza ha inventado formas, el ser humano se ha dado a la tarea de combinarlas y esto es lo que ha llevado a cabo el artista con esta serie de retratos, todos ellos sin título, vestidos a la usanza de los caballeros del siglo XVII. ¿Qué tuvo en mente Picasso cuando pintó esta serie de personajes, en su mayoría masculinos? En casi todos ellos, se evidencia una superposición de estilos y de elementos que caracterizaron sus trabajos anteriores y una fuerte impronta del románico catalán, que tanto influyó en la pintura de sus primeros años, entremezclando la modernidad y la creación artística.

 

Tomado de Picasso y los Retratos Imaginarios. La relación entre el autor y sus personajes. El trasfondo de la Literatura Española, por             Ma. Dolores G. Torres.

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